Fjölvar Starkad
Paladin 9 /Hechicero 2 de nivel 11 en Faerûn (Estándar)
Rango Oro
Fjölvar Starkad es un Goliat paladín del dios Annam padre de los gigantes. Su familia es original de Ysgrad y aunque su sangre proviene de los gigantes de fuego, su valía en el Ordo (la jerarquía social de los gigantes) se ha visto reducida progresivamente. Sirviendo a sus antiguos dioses, Fjölvar confiaba en devolver la gloria a su linaje. Por motivos no desvelados, Fjölvar fue obligado a abandonar Ysgrad e ir a la Costa de la Espada. Su vida es una búsqueda constante de desafíos y nuevas aventuras para escribir su Saga y que cuando consiga volver a Ysgrad restablecer a los Starkad en su legítimo lugar en el Ordo. Se ha unido a la Liga para acelerar que eso ocurra.
Durante los eventos de la “Reina de Dragones” el bardo Myrddin recita como otros miembros luchan y vencen a los dragones de las fuerzas de Vlakith. Fjölvar escucha abatido la canción desde un rincón de la taberna. Él tendría que haber estado allí, formar parte de tan asombrosa hazaña y que se cantaran gestas sobre él. Al pensar en las viejas sagas de sus ancestros recuerda una reliquia familiar, un torque, que trajo con él cuando fue expulsado de Ysgrad. Pide permiso a la Liga para ir con su torque a la zona de la batalla. Una vez allí nota que el metal está más caliente, aunque asume, su verdadero potencial continúa dormido.
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En una taberna de Phandalin (no usa la de la Liga por discreción) Fjölvar se reúne con una elfa alta de piel grisácea y cabello azabache. Los paisanos del lugar le echan miradas pensando que una sirvienta de Lolth está en su ciudad. Nuestro lector, que es más docto, se da cuenta que a ratos la elfa se vuelve traslucida. Esa característica es típica de los Shadar-Kai, los Eladrin del plano de las sombras piensas, y tienes razón.
Unadar toca el torque del cuello del semigigante, transmitiéndole la esencia de la máscara del dragón verde que consiguió absorber en la pasada aventura.
“Finalmente he cumplido con mi deber, estamos en paz”-susurra mientras le mira fijamente.
“Nunca pedí nada a cambio, lo hubiese hecho por cualquiera. Vuelve y pide ayuda cuando lo necesites.”- dice Fjölvar tristemente.
“Nunca volverá a pasar, he aprendido que mi lugar ha estado siempre entre las sombras…todo en este plano es demasiado intenso”- Agarra un mechón de pelo del paladín y cuando este entre lágrimas se atreve a mirar, Unadar ya ha desaparecido. [El personaje de Unadar desaparece de este plano de existencia, y con ello, de la Liga]
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Una vez derrotado el mago con un último “Smite”, Fjölvar usa su velocidad aumentada por el hechizo ¨Haste¨ para esconderse su grimorio bajo su capa.
¿Por qué esconderlo? La diadema que aumenta su inteligencia le dice que es una buena idea. Lleva en su frente desde que la compro a los mercaderes, meses. ¿Estará maldita? ¿Quién es el verdadero Fjölvar ahora que una voz intrusiva le recomienda siempre una opción mejor?
Se despide de sus compañeros. No parece extrañarles, no es la primera vez que el paladín desaparece en medio o al final de una aventura. Pide permiso a la abadesa para permanecer unos días…
Cada noche baja por el pasillo secreto y lee pergaminos, durante horas. De cualquier escuela. De día duerme; unos sueños llenos de runas y de lo que el imagina es el color de la magia. Poco a poco va aprendiendo, los monjes le enseñan a copiarlos.
Que opinara el “Padre de todos” los gigantes de esto. Como respuesta, se despierta un gran cuervo albino posado en la cabecera de la cama. Fjölvar asiente, su dios aprueba de su decisión.
[Fjölvar sube un nivel de hechicero]
Durante los eventos de la “Reina de Dragones” el bardo Myrddin recita como otros miembros luchan y vencen a los dragones de las fuerzas de Vlakith. Fjölvar escucha abatido la canción desde un rincón de la taberna. Él tendría que haber estado allí, formar parte de tan asombrosa hazaña y que se cantaran gestas sobre él. Al pensar en las viejas sagas de sus ancestros recuerda una reliquia familiar, un torque, que trajo con él cuando fue expulsado de Ysgrad. Pide permiso a la Liga para ir con su torque a la zona de la batalla. Una vez allí nota que el metal está más caliente, aunque asume, su verdadero potencial continúa dormido.
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En una taberna de Phandalin (no usa la de la Liga por discreción) Fjölvar se reúne con una elfa alta de piel grisácea y cabello azabache. Los paisanos del lugar le echan miradas pensando que una sirvienta de Lolth está en su ciudad. Nuestro lector, que es más docto, se da cuenta que a ratos la elfa se vuelve traslucida. Esa característica es típica de los Shadar-Kai, los Eladrin del plano de las sombras piensas, y tienes razón.
Unadar toca el torque del cuello del semigigante, transmitiéndole la esencia de la máscara del dragón verde que consiguió absorber en la pasada aventura.
“Finalmente he cumplido con mi deber, estamos en paz”-susurra mientras le mira fijamente.
“Nunca pedí nada a cambio, lo hubiese hecho por cualquiera. Vuelve y pide ayuda cuando lo necesites.”- dice Fjölvar tristemente.
“Nunca volverá a pasar, he aprendido que mi lugar ha estado siempre entre las sombras…todo en este plano es demasiado intenso”- Agarra un mechón de pelo del paladín y cuando este entre lágrimas se atreve a mirar, Unadar ya ha desaparecido. [El personaje de Unadar desaparece de este plano de existencia, y con ello, de la Liga]
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Una vez derrotado el mago con un último “Smite”, Fjölvar usa su velocidad aumentada por el hechizo ¨Haste¨ para esconderse su grimorio bajo su capa.
¿Por qué esconderlo? La diadema que aumenta su inteligencia le dice que es una buena idea. Lleva en su frente desde que la compro a los mercaderes, meses. ¿Estará maldita? ¿Quién es el verdadero Fjölvar ahora que una voz intrusiva le recomienda siempre una opción mejor?
Se despide de sus compañeros. No parece extrañarles, no es la primera vez que el paladín desaparece en medio o al final de una aventura. Pide permiso a la abadesa para permanecer unos días…
Cada noche baja por el pasillo secreto y lee pergaminos, durante horas. De cualquier escuela. De día duerme; unos sueños llenos de runas y de lo que el imagina es el color de la magia. Poco a poco va aprendiendo, los monjes le enseñan a copiarlos.
Que opinara el “Padre de todos” los gigantes de esto. Como respuesta, se despierta un gran cuervo albino posado en la cabecera de la cama. Fjölvar asiente, su dios aprueba de su decisión.
[Fjölvar sube un nivel de hechicero]