Khernalk, el cazador

Martín

Ranger Hunter de nivel 3 en Faerûn (Estándar)
Rango Bronce

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Hoja de personaje

Nieve, silencio y el olor a cuero rancio. El viento golpea la cara de Khernalk, pero él ya no siente el frío; solo siente el peso de su acero y el extraño calor que emana de su fardo. Envuelto en pieles pesadas y atado con correas de caza, un huevo de superficie metálica y oscura descansa contra su columna. Khernalk no sabe qué hay dentro, ni le importa demasiado su linaje; para él, es un trofeo reclamado en las cumbres más altas tras abatir a una criatura que otros no se atrevieron a mirar. Es una carga que vibra con un latido sordo, una promesa de algo que, al igual que él, está destinado a reclamar su lugar en la cima.
Frente a él, un mercenario de los Zhentarim agoniza en el suelo. Había presumido de fuerza, pero ahora solo es carne que se apaga ante la lanza de este espécimen de extremidades imposibles. Khernalk guarda su acero sin orgullo; no ha sido un reto, solo una limpieza necesaria.
-"¡Por... por favor!- gime el hombre, escupiendo sangre. -"Si buscas... si buscas la muerte... no me mates a mí. Ve al sur. Hay algo... algo que no pertenece a este mundo".-
Khernalk se detiene. Se acuclilla junto al moribundo. Sus dedos, largos y fuertes, se cierran sobre el cuello del hombre. Sus ojos amarillos, pálidos como los de un lobo, brillan con una intensidad que no parece del todo humana.
-"Habla"- ordena Khernalk. Su voz es el crujido de la piedra contra la piedra.
-"Hacia el sur... hay un rastro que nadie puede seguir. Hablan de una sombra con escamas, un vacío que devora guarniciones enteras. Dicen que nada puede pararlo. Ni el acero, ni el miedo. Lo llaman el Hambre...".
Khernalk lo suelta. No necesita el nombre, solo la idea. Durante años ha cazado lo que otros temen, buscando el límite de su propia fuerza, y siempre ha encontrado mediocridad. Pero un ser que se sitúa por encima de todo lo conocido, un "Hambre" que no conoce rival... esa es la única presa digna de quien aspira a ser el Depredador Ápice.
Se pone en pie, ajustando las pieles que protegen el huevo. No sabe que ese calor en su espalda no es solo energía, sino un vínculo que empezará a devorar su propia voluntad. Atraviesa el bosque ignorando los senderos, moviéndose con un silencio antinatural para alguien de su envergadura. Baja de las montañas hacia las tierras civilizadas, un mapa que ahora solo es territorio de caza. El rastro apunta a un solo lugar: un puesto fronterizo llamado Phandalin.
Al llegar a las puertas de la Liga, el ambiente es pesado. Antojo desciende observante desde las alturas, vigilando la presencia amenazadora de este extraño de brazos largos y mirada de bestia. Khernalk no se inmuta; su atención está fija en el entorno, analizando cada sombra, cada posible amenaza.
-"He oído que la Liga alimenta a los que tienen hambre."- Dice Khernalk a los presentes, con una sonrisa que muestra más dientes de lo necesario. -"Busco el rastro de lo que llaman el Hambre eterna. Decidme dónde fue vista por última vez y me uniré a vuestra causa..."-