Durgulgak Piedraviva

(Inactivo)
Denís

guerrero psiónico de nivel 4 en Faerûn (Estándar)
Rango Bronce

Ver página de D&D Beyond

Hoja de personaje

--------------------------------------------------------------------
Aquí yace entre las rocas un traidor 24/02/2026
Asesinado por María Pilar Ramallo
-------------------------------------------------------------------
Aún recuerdo el día en el que me condenaron.
Estábamos de resaca, todo un logro para un enano como yo. La fiesta fue un caos: mi cuadrilla bebió tanto como el reino entero esa noche. Balin lanzó un par de mesas por la ventana de la taberna, Urmmor nunca hablaba, pero ese día cantó como nadie y Daerra bailó todo lo cantado; incluso el tímido Tythrun se unió a la fiesta y acabó devolviendo al bar todo lo servido.
La situación lo merecía. El día anterior entregamos mi mejor obra, una estatua de tal maravilla que todo enano del clan, después de verla, nos felicitaba con rabia en sus ojos, pues sabían que nunca podrían llegar a mi nivel. Era un mocoso verdaderamente arrogante en esa época.
Me convocaron para presentarme ante el consejo de ancianos y, después de muchas palabras que no merece la pena recordar, me nombraron cantero mayor del clan.
Era el cantero mayor más joven de toda la historia del clan; el anterior con ese título tenía 336 años y yo, con solo 87, lo había conseguido. Mi ego estaba tan alto que rozaba la barba de Moradin.
Pero todo título de tal honor conlleva una obligación del mismo calibre.
En el pico de la montaña de piedraviva, una estatua solitaria al fundador de nuestro clan, nuestro mayor honor; mi deber como cantero mayor sería cuidarla hasta el fin de mis días.
...
"Fea" fue mi primer pensamiento al verla. "Bueno, es representativa del arte de su época", me corregí a mí mismo ante la osadía de insultar, aunque fuera solo en pensamiento, al honor de la mayor obra de nuestro clan...
Era un horror. La estatua era inexpresiva, la pose antinatural, el trabajo de la piedra era inexperto y rudimentario, y yo la debía servir el resto de mi vida.
Los canteros mayores eran ancianos que habían dedicado la mayor parte de su vida a llegar a ese nivel y su servicio duraba solo el ocaso de su vida; el más largo que yo conocía fueron 8 años.
227 años.
227 años de servicio, servicio a una obra mediocre de un artista mediocre, creada para honrar un montón de huesos cuyos logros ya nadie recuerda.
Los años de soledad entumecieron mis manos; la precisión que tan orgulloso me hacía desapareció. Estaba seguro de que ya había mínimo 10 enanos del clan más capaces, pero mi servicio era de por vida.
Todos los días rezaba para que los ancianos decidieran cambiar las normas y acabar mi tortura; todos los días rezaba para que pudieran saber lo mucho que me temblaban las manos; todos los días rezaba para que se dieran cuenta de que mis estatuas no eran para tanto y que solo era un niñato con más ego que cabeza, pero nadie escuchó mis rezos.
Echaba de menos a mi cuadrilla, echaba de menos sus bromas, las noches bebiendo; incluso echaba de menos echarles la bronca. Algunas veces pensaba que ellos también se merecían el "honor" de estar aquí; era cruel por mi parte, pero no quería estar solo con las piedras más tiempo.
La soledad golpeó mi mente de forma continua. Enloquecí 8 veces.
Pero a la novena vi el mundo más claro que nunca, el número nueve es distinto; mi mente fue templada como quien castiga el hierro para forjar una buena hacha.
Me quedé mirando a la estatua. Sabía que ella no merecía estar aquí. Sabía que esta cima no era donde debía estar. Sabía que la estatua no estaba ahí. Sabía que la estatua estaba rodando por la ladera de la montaña. Y el mundo se vio obligado a darme la razón.
Llamé a la cuadrilla y acudieron. Balin preparó las cuerdas, Daerra y Tythrun cortaron las piernas, Urmmor tiró de la estatua y, cuando esta cayó al suelo, los 4 la empujaron ladera abajo.
Un pedestal vacío, eso fue lo que quedaba. Mi deber como cantero mayor era cuidar la estatua en el pico más alto del horizonte, pero sin nadie lo suficientemente digno para coronar la montaña, mi deber ahora era buscar a ese alguien. O convertirme en él.
*5 partieron montaña abajo… pero solo uno dejaba huellas en la nieve.*