Talaris Nocturnal
Paladín (Juramento de la Venganza) de nivel 4 en Faerûn (Estándar)
Rango Bronce
Primogénito de la familia Nocturnal, familia que durante generaciones sirvieron fielmente a los designios de la Reina Cuervo, siendo uno de las familias mas cercanas a la diosa, cercanía que se vio reflejada en el poder que mantenían frente a otras familias Shadar-Kai, conformando una especie de casa noble entre los suyos. Talaris creció rodeado de poder, conocimiento y secretos, y sus padres lo educaron para convertirse en el patriarca de la familia, una bestia política y inmisericorde, que continuase con el legado familiar y asentase aun mas el poder de la familia, Talaris XX, portador del nombre que fundo la familia y la convirtió en lo que era. Pero el destino le deparaba un camino diferente.
Mientras Talaris sufría el peso de la responsabilidad de ser el heredero, su hermano menor Qinbalar, vivía entre algodones y todos sus reclamos se veían cumplidos. Esto separo a los hermanos, mientras Talaris era reservado y sufría la constante presión, vivía en una prisión de oro, su hermano no vivía con dicha presión.
Todo empezó a cambiar en el cumpleaños nº 50 de Talaris, cuando recorriendo las calles de una de las muchas comunidades Shadar-Kai construidas al rededor del feudo familiar conoció a Umbra, un Shadar-Kai albino de su misma edad y de rasgos afilados. Talaris sintió algo que nunca antes había sentido, el latido de su corazón, se había enamorado a primera vista de Umbra. Los dos empezaron una relación, a ojos de la familia Nocturnal prohibida, pues Talaris tenia que continuar el linaje.
Los encuentros secretos entre los dos jóvenes continuaron durante años, con cada encuentro los jóvenes aprendían mas el uno del otro y el amor no paraba de crecer en sus corazones. Pero toda esta felicidad llego a su fin en el cumpleaños nº90 de Talaris, cuando intentando controlar su propio destino robo un corcel de los establos de su padre y se dio a la fuga junto con Umbra. Al descubrir todo su padre entro en cólera, llamo a sus mejores rastreadores y ofreció una recompensa por su hijo.
Durante años la pareja vivió escapando, sobreviviendo en los bosques del Shadowfell y ocultándose de cualquier partida de caza de los Nocturnal. Pero todo acabo cuando con 125 años, los rastreadores los encontraron al fin, todo ocurrió muy rápido y sin que Talaris pudiese hacer nada para salvar a su amado. Los cazadores Nocturnal los emboscaron mientras dormían y pronto estuvieron de regreso en el Feudo de los Nocturnal.
Durante meses Talaris sufrió una tortura mental constante por parte de su padre, pues su celda se encontraba al lado de la de Umbra, de la cual salían gritos de dolor constantes por parte de su amado, en una búsqueda incansable por parte de su padre de traer de vuelta al redil a su primogénito. Todo acabo un día en el cual los gritos cesaron, un lúgubre silencio se apodero de las mazmorras y solo un graznido se escucho en la lejanía. Instantes después un cuervo albino se poso en la cabeza de Talaris y lo libero de sus cadenas. Talaris fue en silencio hacia la celda de Umbra, pero no encontró nada, solo sangre. Con solo la venganza en su mente entro en los aposentos de su padre, para acabar con él, acompañado siempre del cuervo albino. Pero una vez llego se encontró al viejo Shadar-Kai ya muerto, con una mueca de terror en su cara, ¿la asesina? la madre de Talaris, harta del daño que su marido le había hecho a su hijo. Madre e hijo se abrazaron y esta sabiendo que su hijo nunca podría ser feliz en el shadowfell, le dijo que escapase lejos y no regresase, que el merecía ser feliz y que lo sentía por no haber puesto fin a su padre antes. La madre le proporciono provisiones, mapas y libros para su viaje.
Talaris acompañado del cuervo al que decidió llamar Umbra puso rumbo a uno de los muchos portales que vinculaban al Shadowfell con Toril, mientras en sueños la reina cuervo hablaba con él y le guiaba.
Aunque tardo años, por fin encontró un portal de las sombras funcional y desde allí se despidió del Shadowfell, poniendo rumbo hacia una nueva vida, donde aprendería de su nueva vida.
Durante décadas Talaris camino sin rumbo, descubriendo todo lo que podía de Toril, siempre durmiendo a la luz de la luna, aunque siempre con Umbra en sus pensamientos. El día que puso pie en Faerun poco podía saber que el viaje que le esperaba le cambiaria la vida, viajo de norte a sur y cuando ya había visto toda la costa de la espada decidió marchar hacia oriente, hacia las tierras del lejano Thay, donde buscaba presenciar el esplendor de la magocracia, tras años viajando a pie al fin llego, asentándose de manera permanente en las cercanías del Monte Thay. Allí pudo presencia de primera mano la caída de los Zulkir y el ascenso de Szass Tam.
Con el ascenso del lich de Thay, decidió regresar al oeste, donde alerto a la gente del peligro de Thay, fue ahí donde entro en contacto con el primer dios de la muerte, Jergal, que hacia siglos que había cedido su puesto a Myrkul. Se intereso por El Señor del Fin de Todo y su historia a la par que mantenía su lealtad hacia la Reina Cuervo.
Los siglos pasaron y Talaris pasaba sus días cuidando a los pueblos vecinos y ayudándoles a resolver sus disputas. Durante el tiempo de los problemas, presencio la caída, el ascenso y la muerte de varios dioses.
Tras el fin del tiempo de los problemas Talaris entro en contacto con el culto que se había formado entorno al nuevo dios de los muertos, Kelemvor, se sintió atraído principalmente por su visión de la muerte como algo natural y tomo una decisión que le cambio la vida para siempre, se convirtió en un devoto del dios de la muerte, jurando defender los preceptos de Kelemvor y acabar con la no muerte, siendo consagrado como uno de los primeros paladines de Kelemvor, aunque en su espíritu de mantener un perfil bajo, la ceremonia fue hecha en total secretismo.
Desde el 1390, vivió una vida al servicio de kelemvor, aunque manteniendo siempre el perfil bajo que le caracterizo y su fe intacta hacia la Reina Cuervo. Fue durante este inicio de servicio a Kelemvor que descubrió el destino de Umbra, este no había muerto, es mas siempre lo había acompañado durante toda su vida, pues Umbra era el cuervo albino que siempre lo acompañaba. Talaris aunque en un principio enfadado por haber ocultado estos conocimientos, se tranquilizo al escuchar los motivos de Umbra para ocultarse, sentía asco de su apariencia eternamente marcada por las torturas sufridas y tenia miedo de que Talaris compartiese ese desprecio. Talaris no lo pensó, se acerco a Umbra y lo beso, sellando para siempre sus destinos, sellando una unión eterna.
Umbra pronto se acostumbro a la vida como un acolito mas de Kelemvor, aunque pronto ambos decidieron alejarse de la abadía a la que llamaban casa y tomaron la decisión de fundar un templo a Kelemvor en el cercano oriente, un refugio para los perdidos y los desamparados.
Las décadas pasaron y el templo se convirtió en un bastión de Kelemvor en el este, un lugar habitual de paso de legiones de paladines. Todo volvió a cambiar para Talaris y Umbra el día que rescataron a un joven Firbolg de nombre Fern de las ruinas de su hogar y desde ese momento la pareja decidió cuidarlo y criarlo como si fuese su hijo de sangre, a la par que lo educaban en el culto a Kelemvor. Aunque pronto Fern tomo su propia decisión, quería convertirse en un necrosbane, y aunque tanto Talaris como Umbra sabían de los peligros que ese camino podía traer consigo, le permitieron a Fern viajar y conocer mundo, alejándose del templo al que llamaba hogar y por consejo de su padre Talaris, con el objetivo claro de unirse a la Liga de Aventureros de Phandalin, en la cual podria aprender todo lo necesario.
Mientras Talaris sufría el peso de la responsabilidad de ser el heredero, su hermano menor Qinbalar, vivía entre algodones y todos sus reclamos se veían cumplidos. Esto separo a los hermanos, mientras Talaris era reservado y sufría la constante presión, vivía en una prisión de oro, su hermano no vivía con dicha presión.
Todo empezó a cambiar en el cumpleaños nº 50 de Talaris, cuando recorriendo las calles de una de las muchas comunidades Shadar-Kai construidas al rededor del feudo familiar conoció a Umbra, un Shadar-Kai albino de su misma edad y de rasgos afilados. Talaris sintió algo que nunca antes había sentido, el latido de su corazón, se había enamorado a primera vista de Umbra. Los dos empezaron una relación, a ojos de la familia Nocturnal prohibida, pues Talaris tenia que continuar el linaje.
Los encuentros secretos entre los dos jóvenes continuaron durante años, con cada encuentro los jóvenes aprendían mas el uno del otro y el amor no paraba de crecer en sus corazones. Pero toda esta felicidad llego a su fin en el cumpleaños nº90 de Talaris, cuando intentando controlar su propio destino robo un corcel de los establos de su padre y se dio a la fuga junto con Umbra. Al descubrir todo su padre entro en cólera, llamo a sus mejores rastreadores y ofreció una recompensa por su hijo.
Durante años la pareja vivió escapando, sobreviviendo en los bosques del Shadowfell y ocultándose de cualquier partida de caza de los Nocturnal. Pero todo acabo cuando con 125 años, los rastreadores los encontraron al fin, todo ocurrió muy rápido y sin que Talaris pudiese hacer nada para salvar a su amado. Los cazadores Nocturnal los emboscaron mientras dormían y pronto estuvieron de regreso en el Feudo de los Nocturnal.
Durante meses Talaris sufrió una tortura mental constante por parte de su padre, pues su celda se encontraba al lado de la de Umbra, de la cual salían gritos de dolor constantes por parte de su amado, en una búsqueda incansable por parte de su padre de traer de vuelta al redil a su primogénito. Todo acabo un día en el cual los gritos cesaron, un lúgubre silencio se apodero de las mazmorras y solo un graznido se escucho en la lejanía. Instantes después un cuervo albino se poso en la cabeza de Talaris y lo libero de sus cadenas. Talaris fue en silencio hacia la celda de Umbra, pero no encontró nada, solo sangre. Con solo la venganza en su mente entro en los aposentos de su padre, para acabar con él, acompañado siempre del cuervo albino. Pero una vez llego se encontró al viejo Shadar-Kai ya muerto, con una mueca de terror en su cara, ¿la asesina? la madre de Talaris, harta del daño que su marido le había hecho a su hijo. Madre e hijo se abrazaron y esta sabiendo que su hijo nunca podría ser feliz en el shadowfell, le dijo que escapase lejos y no regresase, que el merecía ser feliz y que lo sentía por no haber puesto fin a su padre antes. La madre le proporciono provisiones, mapas y libros para su viaje.
Talaris acompañado del cuervo al que decidió llamar Umbra puso rumbo a uno de los muchos portales que vinculaban al Shadowfell con Toril, mientras en sueños la reina cuervo hablaba con él y le guiaba.
Aunque tardo años, por fin encontró un portal de las sombras funcional y desde allí se despidió del Shadowfell, poniendo rumbo hacia una nueva vida, donde aprendería de su nueva vida.
Durante décadas Talaris camino sin rumbo, descubriendo todo lo que podía de Toril, siempre durmiendo a la luz de la luna, aunque siempre con Umbra en sus pensamientos. El día que puso pie en Faerun poco podía saber que el viaje que le esperaba le cambiaria la vida, viajo de norte a sur y cuando ya había visto toda la costa de la espada decidió marchar hacia oriente, hacia las tierras del lejano Thay, donde buscaba presenciar el esplendor de la magocracia, tras años viajando a pie al fin llego, asentándose de manera permanente en las cercanías del Monte Thay. Allí pudo presencia de primera mano la caída de los Zulkir y el ascenso de Szass Tam.
Con el ascenso del lich de Thay, decidió regresar al oeste, donde alerto a la gente del peligro de Thay, fue ahí donde entro en contacto con el primer dios de la muerte, Jergal, que hacia siglos que había cedido su puesto a Myrkul. Se intereso por El Señor del Fin de Todo y su historia a la par que mantenía su lealtad hacia la Reina Cuervo.
Los siglos pasaron y Talaris pasaba sus días cuidando a los pueblos vecinos y ayudándoles a resolver sus disputas. Durante el tiempo de los problemas, presencio la caída, el ascenso y la muerte de varios dioses.
Tras el fin del tiempo de los problemas Talaris entro en contacto con el culto que se había formado entorno al nuevo dios de los muertos, Kelemvor, se sintió atraído principalmente por su visión de la muerte como algo natural y tomo una decisión que le cambio la vida para siempre, se convirtió en un devoto del dios de la muerte, jurando defender los preceptos de Kelemvor y acabar con la no muerte, siendo consagrado como uno de los primeros paladines de Kelemvor, aunque en su espíritu de mantener un perfil bajo, la ceremonia fue hecha en total secretismo.
Desde el 1390, vivió una vida al servicio de kelemvor, aunque manteniendo siempre el perfil bajo que le caracterizo y su fe intacta hacia la Reina Cuervo. Fue durante este inicio de servicio a Kelemvor que descubrió el destino de Umbra, este no había muerto, es mas siempre lo había acompañado durante toda su vida, pues Umbra era el cuervo albino que siempre lo acompañaba. Talaris aunque en un principio enfadado por haber ocultado estos conocimientos, se tranquilizo al escuchar los motivos de Umbra para ocultarse, sentía asco de su apariencia eternamente marcada por las torturas sufridas y tenia miedo de que Talaris compartiese ese desprecio. Talaris no lo pensó, se acerco a Umbra y lo beso, sellando para siempre sus destinos, sellando una unión eterna.
Umbra pronto se acostumbro a la vida como un acolito mas de Kelemvor, aunque pronto ambos decidieron alejarse de la abadía a la que llamaban casa y tomaron la decisión de fundar un templo a Kelemvor en el cercano oriente, un refugio para los perdidos y los desamparados.
Las décadas pasaron y el templo se convirtió en un bastión de Kelemvor en el este, un lugar habitual de paso de legiones de paladines. Todo volvió a cambiar para Talaris y Umbra el día que rescataron a un joven Firbolg de nombre Fern de las ruinas de su hogar y desde ese momento la pareja decidió cuidarlo y criarlo como si fuese su hijo de sangre, a la par que lo educaban en el culto a Kelemvor. Aunque pronto Fern tomo su propia decisión, quería convertirse en un necrosbane, y aunque tanto Talaris como Umbra sabían de los peligros que ese camino podía traer consigo, le permitieron a Fern viajar y conocer mundo, alejándose del templo al que llamaba hogar y por consejo de su padre Talaris, con el objetivo claro de unirse a la Liga de Aventureros de Phandalin, en la cual podria aprender todo lo necesario.