Jeunan Fahr

Uxía

Ranger de nivel 2 en Daggerheart ()
Rango Bronce

Hoja de personaje

“Muerte a los falsos profetas!” el grito se hizo paso, con inquebrantable convicción, entre las cenizas que se alzaban de la pira. Desde la multitud, Jeunan lo escuchó sin apartar la mirada hasta que las llamas crecieron y su capitán dejó de retorcerse entre el humo. Detrás de la hoguera, su padre y otros líderes de la Orden colgaban de las horcas mientras los inquisidores proclamaban que sus muertes servirían de advertencia. Si éste era el destino de los herejes, se convenció de que el que él sufriría como traidor merecía ser más cruel y lo aceptó sin réplicas. Quizás vivir con la culpa era parte del castigo.
La Orden de los Vindicadores era un grupo extraño. Algunos seguían a los dioses, otros los rechazaban; algunos eran víctimas, otros autoproclamados justicieros. Pero todos seguían una causa: castigar violentamente a quienes abusaban de la fe para conseguir poder o enriquecerse. Charlatanes que decían ser adivinos, líderes religiosos aprovechados, clérigos simoníacos… La Orden saqueaba templos para esparcir las reliquias, asediaba sedes de poder y asesinaba a tiranos. Jeunan se encargaba de rastrear y estudiar los objetivos, y de acabar con enemigos solitarios. Se guarnecían en una fortaleza en ruinas hasta que molestaron a suficientes poderosos, por lo que la inquisición decidió intervenir. Asedió su fortaleza y a la semana la condición era crítica. En una incursión en la que buscaba puntos débiles en el ejército enemigo, Jeunan fue capturado. Un inquisidor lo interrogó, insistiendo en que estaban perdidos, pero le ofreció una opción: si les daba información e indicaciones de cómo romper las defensas que quedaban, acabarían con la batalla esta misma noche y le perdonarían la vida. Hambriento, herido, desesperado por la situación precaria de sus compañeros y convencido de que todos morirían, aceptó. Masacraron a sus compañeros y capturaron a los líderes para llevarlos al patíbulo.
Tras la ejecución, Jeunan huyó a otras tierras y comenzó una nueva vida tras forzarse a enterrar su pasado y olvidar sus desgraciados ideales. Once años después, una misión a la que fue llamado por Ilin, el soberano de Suth-Umbar, le obligó a recordarlos. Unas cultistas invocaron demonios y bestias para servir sus intereses y proteger sus negocios mientras fingían preocuparse por la vida de los ciudadanos. Cuando el grupo detuvo el ritual y capturó a una de las cultistas, la rabia de Jeunan no se apagó hasta que le clavó su espada con una sentencia: “Muerte a los falsos profetas”.