Flint "OjoNocturno"
Clerigo del crepusculo de nivel 14 en Faerûn (Estándar)
Rango Oro
Criado en las montañas, nunca me llamó la forja como a mis hermanos, ni fui dado a alzar la voz. Por el contrario, siempre fui tranquilo y de hablar pausado. Ese contraste con mis congéneres me llevó a ejercer de guía para los comerciantes que, con prisa, necesitaban viajar bajo la oscuridad de la noche para no perder su ventaja comercial.
Pasé así muchas noches al raso, entre las cumbres, escuchando los sonidos naturales de la montaña, aprendiendo sus ritmos y sus silencios. Debido a esta afinidad mía con la noche, mis hermanos no tardaron en apodarme Flint “Ojo Nocturno”, pues incluso entre los míos mi visión nocturna resultaba sorprendente.
Con el tiempo, el templo crepuscular de Selûne se interesó en mí, y poco a poco fui introduciéndome en sus enseñanzas, haciéndolas propias. Me dejé arrullar por ese instante en el que todos comienzan a encerrarse en sus hogares por temor a lo que aguarda fuera, mientras yo encontraba mi lugar en el azul del crepúsculo y en el rocío recién caído que purifica y limpia el mundo.
Y comprendí que, si bien no todos pueden ver en la noche lo mismo que yo —pues muchos solo perciben lo infame y lo aterrador—, es mi deber acompañarlos.
Porque la verdadera fe no está en vencer a la oscuridad,
sino en asegurar que nadie tenga que atravesarla solo.
Pasé así muchas noches al raso, entre las cumbres, escuchando los sonidos naturales de la montaña, aprendiendo sus ritmos y sus silencios. Debido a esta afinidad mía con la noche, mis hermanos no tardaron en apodarme Flint “Ojo Nocturno”, pues incluso entre los míos mi visión nocturna resultaba sorprendente.
Con el tiempo, el templo crepuscular de Selûne se interesó en mí, y poco a poco fui introduciéndome en sus enseñanzas, haciéndolas propias. Me dejé arrullar por ese instante en el que todos comienzan a encerrarse en sus hogares por temor a lo que aguarda fuera, mientras yo encontraba mi lugar en el azul del crepúsculo y en el rocío recién caído que purifica y limpia el mundo.
Y comprendí que, si bien no todos pueden ver en la noche lo mismo que yo —pues muchos solo perciben lo infame y lo aterrador—, es mi deber acompañarlos.
Porque la verdadera fe no está en vencer a la oscuridad,
sino en asegurar que nadie tenga que atravesarla solo.