Krevith "Cazador Pálido"
(Inactivo)
Explorador (Winter Walker) de nivel 3 en Faerûn (Estándar)
Rango Bronce
"El invierno está volviendo, un año más. Noto como vuelven las nieblas, cada vez me cuesta más concentrarme, y siendo como mi cuerpo comienza a desvanecerse, a convertirse en humo. Entonces presiono la palma de mi mano contra el cuchillo para obligarme a sentir dolor, a recordar que sigo vivo, y veo como mis dedos vuelven a formarse. Ya no me llega con sujetar la cuerda del arco con un dedo, debo usar dos dedos o de lo contrario el arco podría fallar. Debo encontrar un refugio, esconderme y tatuarme lo que ha pasado este último año antes de que mis recuerdos se desvanezcan, debo luchar contra el olvido"
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Krevith fue un Shadar-Kai moldeado por la Reina Cuervo para vigilar el Shadowfell y protegerla de los Shadovar, en un tiempo anterior en el que le dieron un propósito, un nombre y un apellido que hace tiempo ha olvidado.
Cuando la Reina Cuervo tuvo conocimiento de que los Shadovar estaban regresando al plano material para intentar recontruir la civilización perdida de Netheril desde Anauroch, envió un grupo de Shadar-Kai a vigilar artefactos perdidos repartidos por las regiones cercanas de Faerûn que serían peligrosos si caían en manos de los Netheritas. Krevith no recuerda cuántos de los suyos partieron ni sus destinos, tan sólo que a él le encomendaron la misión de viajar a Icewind Dale para localizar los restos enterrados del poderoso artefacto Crenshinibon, y vigilar la zona por si los Shadovar intentaban reclamarlo.
Durante una década cumplió su misión en silencio, cazando para sobrevivir y manteniendo las distancias con las tribus locales de Icewind Dale sin mezclarse con ellos, ganándose el apodo de Cazador Pálido por el ceniciento color de su piel.
Hasta que un día algo cambió en el horizonte, al principio parecía una Aurora Boreal visible de día, pero pronto quedó claro que aquel brillo azulado era algo más. Era como una ola gigante de energía que venía directo hacia él, que lo atravesó y lo dejó en el silencio absoluto, había dejado de sentir a la Reina Cuervo. Al principio se sentía extraño sin escuchar la voz de su diosa, pero pronto se volvió desesperación pura cuando aparecieron unas nieblas no naturales que borraban sus recuerdos con su toque helado.
Los años pasaban y Krevith cayó en un ciclo donde cada invierno volvían las nieblas, afectando a su mente y olvidando paulatinamente quién era o detalles de su vida anterior, tan sólo quedaban sus recuerdos más recientes, su nombre y el propósito de su misión. En la desesperación empezó a mezclarse con las tribus bárbaras buscando ayuda, aprendiendo su lengua y costumbres. Buscó respuestas en los chamanes de las tribus, quienes le explicaron que aquellas nieblas no eran naturales y provenían de otro plano distante que no seguía el orden natural, y que las nieblas tenían voluntad propia y se alimentaban de recuerdos.
Aquello hizo que Krevith entrase en pánico, sin recuerdos terminaría por desvanecerse, pero sin una conexión con la Reina Cuervo no sería un simple reinicio, sus recuerdos se perderían y no podrían ser recuperados, su existencia sería borrada. Tenía que evitarlo a toda costa, y la única forma que encontró para evitar el olvido fue tatuarse y convertir su cuerpo en un registro de sus recuerdos para evitar que fuesen borrados.
Cada año cuando el sol estaba en su punto más bajo y la oscuridad se volvía casi eterna, se refugiaba en un escondite para tatuarse sus recuerdos del último año antes de que se desvanecieran. Un ciclo tras otro, año a año, durante un siglo entero. Sus ropas hace tiempo se hicieron jirones y tuvieron que ser sustituidas por pieles de los animales que cazaba, la madera de su arco se abrió y Krevith sacrificó su daga de acero sombrío, fundiéndola para poder incrustar piezas metálicas con las que reparar su arco.
Hasta que un día la energía azul desapareció, las nieblas no volvieron y Krevith dejó de olvidar, pero de aquello hace ya casi dos décadas y él todavía sigue barado en Icewind Dale atrapado en una misión que ha durado ya 170 años, y sin conexión con la Reina Cuervo no tiene forma de saber si ha terminado ni puede volver a su hogar en Shadowfell para retornar sus recuerdos y volver a unirse al ciclo.
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Hitos y acontecimientos durante Rango Bronce:
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Krevith fue un Shadar-Kai moldeado por la Reina Cuervo para vigilar el Shadowfell y protegerla de los Shadovar, en un tiempo anterior en el que le dieron un propósito, un nombre y un apellido que hace tiempo ha olvidado.
Cuando la Reina Cuervo tuvo conocimiento de que los Shadovar estaban regresando al plano material para intentar recontruir la civilización perdida de Netheril desde Anauroch, envió un grupo de Shadar-Kai a vigilar artefactos perdidos repartidos por las regiones cercanas de Faerûn que serían peligrosos si caían en manos de los Netheritas. Krevith no recuerda cuántos de los suyos partieron ni sus destinos, tan sólo que a él le encomendaron la misión de viajar a Icewind Dale para localizar los restos enterrados del poderoso artefacto Crenshinibon, y vigilar la zona por si los Shadovar intentaban reclamarlo.
Durante una década cumplió su misión en silencio, cazando para sobrevivir y manteniendo las distancias con las tribus locales de Icewind Dale sin mezclarse con ellos, ganándose el apodo de Cazador Pálido por el ceniciento color de su piel.
Hasta que un día algo cambió en el horizonte, al principio parecía una Aurora Boreal visible de día, pero pronto quedó claro que aquel brillo azulado era algo más. Era como una ola gigante de energía que venía directo hacia él, que lo atravesó y lo dejó en el silencio absoluto, había dejado de sentir a la Reina Cuervo. Al principio se sentía extraño sin escuchar la voz de su diosa, pero pronto se volvió desesperación pura cuando aparecieron unas nieblas no naturales que borraban sus recuerdos con su toque helado.
Los años pasaban y Krevith cayó en un ciclo donde cada invierno volvían las nieblas, afectando a su mente y olvidando paulatinamente quién era o detalles de su vida anterior, tan sólo quedaban sus recuerdos más recientes, su nombre y el propósito de su misión. En la desesperación empezó a mezclarse con las tribus bárbaras buscando ayuda, aprendiendo su lengua y costumbres. Buscó respuestas en los chamanes de las tribus, quienes le explicaron que aquellas nieblas no eran naturales y provenían de otro plano distante que no seguía el orden natural, y que las nieblas tenían voluntad propia y se alimentaban de recuerdos.
Aquello hizo que Krevith entrase en pánico, sin recuerdos terminaría por desvanecerse, pero sin una conexión con la Reina Cuervo no sería un simple reinicio, sus recuerdos se perderían y no podrían ser recuperados, su existencia sería borrada. Tenía que evitarlo a toda costa, y la única forma que encontró para evitar el olvido fue tatuarse y convertir su cuerpo en un registro de sus recuerdos para evitar que fuesen borrados.
Cada año cuando el sol estaba en su punto más bajo y la oscuridad se volvía casi eterna, se refugiaba en un escondite para tatuarse sus recuerdos del último año antes de que se desvanecieran. Un ciclo tras otro, año a año, durante un siglo entero. Sus ropas hace tiempo se hicieron jirones y tuvieron que ser sustituidas por pieles de los animales que cazaba, la madera de su arco se abrió y Krevith sacrificó su daga de acero sombrío, fundiéndola para poder incrustar piezas metálicas con las que reparar su arco.
Hasta que un día la energía azul desapareció, las nieblas no volvieron y Krevith dejó de olvidar, pero de aquello hace ya casi dos décadas y él todavía sigue barado en Icewind Dale atrapado en una misión que ha durado ya 170 años, y sin conexión con la Reina Cuervo no tiene forma de saber si ha terminado ni puede volver a su hogar en Shadowfell para retornar sus recuerdos y volver a unirse al ciclo.
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Hitos y acontecimientos durante Rango Bronce: