Mr. Pickels
Barbaro de nivel 5 en Faerûn (Estándar)
Rango Plata
Encontrado siendo apenas un cachorro a las afueras de una granja, Mr. Pickels fue criado como el guardián de un remoto valle. La familia que lo acogió nunca fue especialmente cariñosa; si quería comer debía mantener alejadas las malas hierbas, y si quería compañía, tendría que encontrarla entre las plantas y alimañas.
Con los años se convirtió en un jardinero excepcional. Aprendió a escuchar el susurro del viento entre las hojas, a distinguir el estado de una flor con solo tocar sus pétalos y a convivir con los pequeños habitantes del huerto: erizos, musarañas, ardillas y todo aquello que aceptara vivir en armonía.
El huerto era su hogar. El jardín era su familia. Los pequeños habitantes del huerto, sus amigos
La tercera generación de granjeros nunca llegó a comprenderlo.
Una mañana, tras regresar del bosque con una bolsa de semillas poco comunes, encontró su huerto reducido a barro. Las petunias habían desaparecido. Los rosales habían sido arrancados. Los tomates y pepinillos yacían bajo los cimientos de una ampliación de la casa. Entre los surcos, aplastados sin siquiera haber sido vistos, descansaban los pequeños cuerpos de los animales que habían compartido tantos años con él.
Mientras los granjeros reían y cantaban orgullosos de su trabajo, Mr. Pickels comprendió que algunas malas hierbas aprendían a caminar
Dicen que, aquella misma noche, una columna de humo comenzó a elevarse desde el valle.
Y cuentan quienes lo vieron marcharse que caminaba silbando una alegre canción,con una ardillita asomando de su bolsillo, la pala apoyada sobre el hombro y una pequeña bolsa de semillas tintineando contra su cinturón.
Ningun caminante con el que se cruzo podia imaginar por que la bolsa del pequeño ser tintineaba con un sonido que no parecia corresponder al sonido de las monedas.
Con los años se convirtió en un jardinero excepcional. Aprendió a escuchar el susurro del viento entre las hojas, a distinguir el estado de una flor con solo tocar sus pétalos y a convivir con los pequeños habitantes del huerto: erizos, musarañas, ardillas y todo aquello que aceptara vivir en armonía.
El huerto era su hogar. El jardín era su familia. Los pequeños habitantes del huerto, sus amigos
La tercera generación de granjeros nunca llegó a comprenderlo.
Una mañana, tras regresar del bosque con una bolsa de semillas poco comunes, encontró su huerto reducido a barro. Las petunias habían desaparecido. Los rosales habían sido arrancados. Los tomates y pepinillos yacían bajo los cimientos de una ampliación de la casa. Entre los surcos, aplastados sin siquiera haber sido vistos, descansaban los pequeños cuerpos de los animales que habían compartido tantos años con él.
Mientras los granjeros reían y cantaban orgullosos de su trabajo, Mr. Pickels comprendió que algunas malas hierbas aprendían a caminar
Dicen que, aquella misma noche, una columna de humo comenzó a elevarse desde el valle.
Y cuentan quienes lo vieron marcharse que caminaba silbando una alegre canción,con una ardillita asomando de su bolsillo, la pala apoyada sobre el hombro y una pequeña bolsa de semillas tintineando contra su cinturón.
Ningun caminante con el que se cruzo podia imaginar por que la bolsa del pequeño ser tintineaba con un sonido que no parecia corresponder al sonido de las monedas.