Flux
(Inactivo)
bardo de nivel 5 en Faerûn (Estándar)
Rango Plata
Flux nunca conoció la verdadera libertad hasta que Sariel apareció en su vida. Cuando era apenas un niño de cinco años, encerrado en un burdel que lo explotaba, su mundo era frío, violento y lleno de miedo. Nadie lo veía como un ser con derechos o sueños; para todos, era solo un objeto más. Tanto era así que Flux nunca tuvo un nombre propio. Él mismo se definía como “nadie”, un objeto sin identidad, sin derecho a existir más allá de lo que los demás quisieran de él.
Pero Sariel, una elfa de 40 años, vio algo más: un brillo de inteligencia y resiliencia que los demás ignoraban. Fue ella quien irrumpió en aquel lugar y, con valentía y cuidado, lo sacó de su prisión, protegiéndolo de las sombras de su pasado. Al ver que el niño no se reconocía a sí mismo como persona, La mujer le dio un nombre: Flux, un recordatorio de que podía cambiar, adaptarse y existir por sí mismo, y no solo como un objeto para otros. Desde ese momento, Flux empezó a sentir que tenía una identidad, aunque fuera frágil y recién descubierta.
Durante los años siguientes, ella se convirtió en su todo. Lo cuidó, lo enseñó y lo guio, asegurándose de que Flux aprendiera a sobrevivir en un mundo cruel, pero también a sentir confianza y afecto. Para Flux, no era solo su protectora; era el centro de su universo. Aunque él nunca se atrevió a decírselo, su corazón estaba lleno de un amor silencioso y absoluto. Él lo expresaba de manera extraña, a veces diciendo en voz alta que Sariel era “su mujer”, para que todos supieran que, ella le pertenecía, aunque solo fuera en su mente.
Cuando cumplió doce años, la elfa sintió que Flux estaba listo para encontrar su propio camino y lo dejó en un pequeño pueblo humano, enseñándole que la vida no siempre sería protegida por otros y que él debía valerse por sí mismo. Pero la separación solo intensificó la necesidad de Flux de estar cerca de ella, de cuidarla y de asegurarse de que ella estuviera segura, como ella lo había hecho por él.
Al cumplir los quince, la determinación de Flux era clara: debía encontrar a su amada. Con valentía y astucia, emprendió un viaje solo, decidido a reencontrarse con la mujer que le había dado todo. En su camino, se topó con F.I.F.E , un guerrero que se dirigía a la Liga de Aventureros. Viendo una oportunidad, Flux urdió un plan: engañó a F.I.F.E para que desviara su camino hacia la mujer que amaba, prometiéndole que su intervención sería vital para traerla sana y salva a la Liga. Mientras tanto, Flux esperaría en la Liga, con la esperanza de que, si Sariel regresaba , él sería lo suficientemente fuerte para protegerla; y si no, al menos habría plantado la semilla de una red de aliados que pudieran ayudarlo a cuidarla algún día.
Con los años, la obsesión por protegerla y su naturaleza cambiante empezó a afectar su mente. Flux se volvió caótico, un ser que se no se guía por la moral tradicional, ni por el bien ni por el mal absoluto, sino por sus propios caprichos y su amor obsesivo.
Pero Sariel, una elfa de 40 años, vio algo más: un brillo de inteligencia y resiliencia que los demás ignoraban. Fue ella quien irrumpió en aquel lugar y, con valentía y cuidado, lo sacó de su prisión, protegiéndolo de las sombras de su pasado. Al ver que el niño no se reconocía a sí mismo como persona, La mujer le dio un nombre: Flux, un recordatorio de que podía cambiar, adaptarse y existir por sí mismo, y no solo como un objeto para otros. Desde ese momento, Flux empezó a sentir que tenía una identidad, aunque fuera frágil y recién descubierta.
Durante los años siguientes, ella se convirtió en su todo. Lo cuidó, lo enseñó y lo guio, asegurándose de que Flux aprendiera a sobrevivir en un mundo cruel, pero también a sentir confianza y afecto. Para Flux, no era solo su protectora; era el centro de su universo. Aunque él nunca se atrevió a decírselo, su corazón estaba lleno de un amor silencioso y absoluto. Él lo expresaba de manera extraña, a veces diciendo en voz alta que Sariel era “su mujer”, para que todos supieran que, ella le pertenecía, aunque solo fuera en su mente.
Cuando cumplió doce años, la elfa sintió que Flux estaba listo para encontrar su propio camino y lo dejó en un pequeño pueblo humano, enseñándole que la vida no siempre sería protegida por otros y que él debía valerse por sí mismo. Pero la separación solo intensificó la necesidad de Flux de estar cerca de ella, de cuidarla y de asegurarse de que ella estuviera segura, como ella lo había hecho por él.
Al cumplir los quince, la determinación de Flux era clara: debía encontrar a su amada. Con valentía y astucia, emprendió un viaje solo, decidido a reencontrarse con la mujer que le había dado todo. En su camino, se topó con F.I.F.E , un guerrero que se dirigía a la Liga de Aventureros. Viendo una oportunidad, Flux urdió un plan: engañó a F.I.F.E para que desviara su camino hacia la mujer que amaba, prometiéndole que su intervención sería vital para traerla sana y salva a la Liga. Mientras tanto, Flux esperaría en la Liga, con la esperanza de que, si Sariel regresaba , él sería lo suficientemente fuerte para protegerla; y si no, al menos habría plantado la semilla de una red de aliados que pudieran ayudarlo a cuidarla algún día.
Con los años, la obsesión por protegerla y su naturaleza cambiante empezó a afectar su mente. Flux se volvió caótico, un ser que se no se guía por la moral tradicional, ni por el bien ni por el mal absoluto, sino por sus propios caprichos y su amor obsesivo.