Rustle
Druid de nivel 11 en Faerûn (Estándar)
Rango Oro
Se crió con su clan cerca de una gran ciudad. Fueron pocas las veces que salió del nido, pero esas veces quedó fascinado por el resto de criaturas con las que se cruzó, tanto en la ciudad, como en los bosques de alrededor.
Una vez que cumplió los 12 años, como todo kenku, se vió obligado a partir en busca de un lugar para formar un nuevo clan en otro lugar. Mientras procedía con su viaje, en busca de miembros para formar un clan y un lugar para establecerse, quedó maravillado con el mundo que se había abierto ante él, tanto, que dejo su objetivo de formar un nuevo clan, para dedicarse a descubrir nuevos lugares y estudiar criaturas que nunca antes había visto.
Así fue que, pasando tanto tiempo en los bosques, adquirió cierta afinidad con la fauna y vegetación que iba observando, de tal forma que, como si estos agradecieran su interés y su apreciación por la naturaleza, empezó a notar como si le hubieran concedido parte de su fuerza.
Aunque, no todo era vivir aislado, en ocasiones visitaba ciudades, pueblos, o se unía a algunos peregrinos en su viaje, lo que le pemitió ir adquiriendo nuevas palabras de diversos lenguajes, aunque no sabiendo bien lo que significaban todas ellas.
Un día, a los 14 años, mientras observaba unas setas para comprobar si eran comestibles, vió un ave que lo dejó fascinado:era como él, pero más pequeño, débil, y, aún así, quedó fascinado por sus alas. Aquel cuervo le recordó las historias sobre la maldición que le arrebató las alas a los suyos siglos atrás,aquella que les habia lanzado su antiguo maestro, cuyo nombre ya nadie recuerda, antes de abandonarlos en el plano material. Viendo sus propias manos pensó que quizas no supiera como formar un nuevo clan, o siquiera una nueva familia, pero que quería recuperar lo que le habían arrebatado a los suyos.
La naturaleza lo había ayudado hasta ahora, sin pedir nada a cambio, ¿Por que no pedir su ayuda en esta ocasión?
Así partió a seguir investigando la naturaleza y la magia, con un objetivo claro:Recuperar lo que le arrebataron a los suyos y, con suerte, encontrar un lugar al que pertenecer.
Una vez que cumplió los 12 años, como todo kenku, se vió obligado a partir en busca de un lugar para formar un nuevo clan en otro lugar. Mientras procedía con su viaje, en busca de miembros para formar un clan y un lugar para establecerse, quedó maravillado con el mundo que se había abierto ante él, tanto, que dejo su objetivo de formar un nuevo clan, para dedicarse a descubrir nuevos lugares y estudiar criaturas que nunca antes había visto.
Así fue que, pasando tanto tiempo en los bosques, adquirió cierta afinidad con la fauna y vegetación que iba observando, de tal forma que, como si estos agradecieran su interés y su apreciación por la naturaleza, empezó a notar como si le hubieran concedido parte de su fuerza.
Aunque, no todo era vivir aislado, en ocasiones visitaba ciudades, pueblos, o se unía a algunos peregrinos en su viaje, lo que le pemitió ir adquiriendo nuevas palabras de diversos lenguajes, aunque no sabiendo bien lo que significaban todas ellas.
Un día, a los 14 años, mientras observaba unas setas para comprobar si eran comestibles, vió un ave que lo dejó fascinado:era como él, pero más pequeño, débil, y, aún así, quedó fascinado por sus alas. Aquel cuervo le recordó las historias sobre la maldición que le arrebató las alas a los suyos siglos atrás,aquella que les habia lanzado su antiguo maestro, cuyo nombre ya nadie recuerda, antes de abandonarlos en el plano material. Viendo sus propias manos pensó que quizas no supiera como formar un nuevo clan, o siquiera una nueva familia, pero que quería recuperar lo que le habían arrebatado a los suyos.
La naturaleza lo había ayudado hasta ahora, sin pedir nada a cambio, ¿Por que no pedir su ayuda en esta ocasión?
Así partió a seguir investigando la naturaleza y la magia, con un objetivo claro:Recuperar lo que le arrebataron a los suyos y, con suerte, encontrar un lugar al que pertenecer.